miércoles, 18 de agosto de 2010

Frustrado

Había sido una intensa noche de juerga en el bar de Don Segundo “Seco” López, pletórica en alcohol, en donde se podía escoger a un precio irrisorio vino pipeño de tercer enjuague, la bebida cola con la más alta dosis de ácido fosfórico posible y un ron ideal para destapar cloacas malolientes, pero la calidad del licor no hacía mella en el ambiente festivo de un grupo de amigos y colegas de la calle, financiado con el dinero recaudado en las faenas de macheteo diurno.

Antonio comenzó temprano con la fiesta. Ese día el puerto estaba colmado de turistas, casualmente generosos, lo que permitió que se pudiera retirar temprano al jolgorio, pero en la madrugada, el alcohol y el trasnoche comenzaron a generar estragos en su humanidad. Repentinamente, Antonio se paró de la mesa y emprendió camino hacia la calle sin que sus amigos se percataran de ello.

A la salida del local había un paradero de buses, el cual estaba iluminado. Grande fue la sorpresa de Antonio al ver a Alexis Sánchez, el niño maravilla, en ese paradero y no dudó un instante en increparlo, fueron meses de rabia y frustración contenida “Contigo quería hablar ¡Pura bicicleta no ma´, fuiste al mundial a puro gastar plata!”. Alexis lo miraba sonriente. “¡A voh te digo hueón!, ¡soi entero malo pa’ la pelota, cuando jugai voh hay que tener dos pelotas, una pal partío pa’ que jueguen los cabros y otra pa que juguís voh solo!”. Su ira aumentaba a medida que proseguía con los insultos, mientras Alexis continuaba sonriente, sin emitir una sílaba. “¡Pa´ más remate saliste tonto, te gusta la U y te fuiste a jugar al Colo!” Hubo un pequeño instante de silencio y los reproches se transformaron en gritos. “Que te venís a hacer el hueón, a voh te digo! ¡De qué te reís, tengo car’e chiste acaso, hueón!”.

La furia aumentaba y Antonio empuña su mano y acierta un efectivo puñete en la boca de Alexis, aún sonriente, pero quien padeció dolor no fue el destinatario de ese combo tan bien puesto, sino quien lo envió. En seguida, los gritos se hicieron audibles desde el interior del bar, por lo que rápidamente los tertulianos salieron en socorro de su amigo agredido. “¡Sueltame hueón, me estai mordiendo la mano!” era la expresión más repetida. Los amigos de Antonio lo separaron de Alexis, utilizando un palo que estaba en el suelo y, una vez alejado de su rival, partieron raudamente con él a la posta más cercana. Al llegar allá, el médico de turno le pregunta a Iván, hermano de Antonio, qué había ocurrido con él, a lo que contesta “Sa’e lo que pasa doctor, cada vez que este hueón toma se pone como tonto así  ¿me entiende? se pone a pelear con los letreros  pero hoy día se fue en volá, se puso a pelear con un luminoso y le dio la corriente por hueón”, mientras Antonio, tendido de espaldas en el box de urgencias y con su mano ensangrentada y quemada, planeaba cómo vengarse del vil, artero y poco varonil ataque del niño maravilla.

Dedicado al  "Salo Reyes", al "Cantinflas" y a la memoria del gran amigo de la armónica.

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