- ¿Qué nos hace creer en nuestra indispensabilidad si era más probable que otro hermano hubiese nacido en nuestro lugar ?
- Las críticas a la religión se basan en el comportamiento de los religiosos y jamás en contra de Dios. Sin embargo, los "hombres divinos" justifican su mal actuar por causa de la Voluntad Suprema, aprovechándose que el Altísimo no hace efectivo su derecho a defensa.
- Un hijo dice a su padre "¡Papá, no quiero ir más al colegio!". El padre lo observa bondadosa y compresivamente y pregunta "¿porqué no quieres ir más al colegio?" a lo que el niño responde "Es que la tía dijo hoy que si queríamos ser como el papá teníamos que ir al colegio".
- Dentro de cada iglesia se reparten, en cantidades similares, quienes van a adorar a Dios y quienes huyen del castigo eterno.
- Nuestros políticos aseguran su bien propio vociferando sobre el bien común.
- Dios nos dejó la Biblia para que podamos descubrir su escencia, pero una lectura afiebrada de ella impedrirá que encontremos al objeto principal del Sagrado Libro.
- La valía de un hombre se basa en su escencia y no en sus creencias. Un creyente no es más que un ateo y viceversa si ambos abogan por aliviar el sufrimiento humano.
miércoles, 1 de junio de 2011
martes, 2 de noviembre de 2010
Caminos
Desde un valle nacen distintos caminos, uno sube por un monte, otro van siguiendo el curso de un río y otro pasa a través del bosque. ¿Cual elegir? ¿Cual me llevará al destino al que deseo llegar?.
Cada uno tiene sus vericuetos y lugares bellos, cada uno tiene sus riesgos y planicies. El sol golpea duramente la cabeza del dudoso caminante, mientras la noche inexorablemente se avecina, acelera su paso y lesiona a posibilidad de llegar a destino.
La noche ha llegado y no se pudo llegar a destino. ¿Valió la pena la indecisión? Cada camino tiene sus vericuetos y lugares bellos, pero el del monte, el cual nadie elegía, era el que finalmente conducía a la fuente de la felicidad y que el caminante no eligió.
Cada uno tiene sus vericuetos y lugares bellos, cada uno tiene sus riesgos y planicies. El sol golpea duramente la cabeza del dudoso caminante, mientras la noche inexorablemente se avecina, acelera su paso y lesiona a posibilidad de llegar a destino.
La noche ha llegado y no se pudo llegar a destino. ¿Valió la pena la indecisión? Cada camino tiene sus vericuetos y lugares bellos, pero el del monte, el cual nadie elegía, era el que finalmente conducía a la fuente de la felicidad y que el caminante no eligió.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Las flores
Al pie del monte estaba reunido un grupo de hombres, todos sedientos de riqueza y fama, en busca de Doña Juana, una casi mitológica mina de oro cuya beta poseía una gran ley. La espera al ascenso llevaba varios días y la ansiedad por partir estaba enrareciendo el ambiente.
El guía de la expedición apareció en el improvisado campamento a primera hora del día señalado como la partida, montado sobre una robusta mula e indicando el inicio del viaje, que duraría varios días. Todos los miembros del campamento le siguieron sin hacer pregunta alguna y sólo movidos por la avaricia.
El ascenso no estuvo libre de problemas, varios viajeros debieron devolverse por no soportar la inclemencia de la montaña, de la altura o porque sus provisiones no eran las suficientes para soportar la estadía en la mina. Luego de dos días de viaje, un inusual arcoíris adornaba a una quebrada a un costado del camino. El más viejo del grupo se percató de ello e indica a los demás de su presencia. En varios años de expedición a la mina jamás un minero siquiera había percatado de ese arcoíris, lo que extrañó al guía. El viejo alcanza a ver que el inicio del arcoíris estaba a algunos pocos kilómetros de ahí, yendo hacia el fondo de la quebrada y se entusiasma con la idea de ir hasta allá, ya que recordaba aquella leyenda que decía que al pie de cada arcoíris existe una vasija llena de oro. El guía le advierte que puede ir excluyentemente a la mina o a ver el arcoíris, por lo que su decisión implicaría no volver a subir sino sólo retornar al valle. El hombre decidió bajar ante las risotadas y burlas de sus compañeros de viaje.
Al descender por un angosto sendero, este hombre y su mula llegaron finalmente al húmedo y frío fondo de la quebrada, desde el cual emanaba el arcoíris y el arroyo que pasaba por el costado de su casa y regaba su bello jardín, percatándose que se iniciaba dentro de una gran vasija. La curiosidad hizo el minero hurgara el interior del recipiente cuando repentinamente aparece un hada.
¿Qué vienes a hacer acá? preguntó hada. Vine a ver el arcoíris respondió le minero. Tú sabes que dentro de esta vasija – decía el hada- se encuentra uno de los tesoros más grandes del mundo, me extraña que hayas venido porque todos los hombres van a Doña Juana, allá también hay riquezas, si trabajas duro. El hombre quería recibir rápidamente el tesoro aunque dudaba de su cuantía porque la olla, a fin de cuenta no era tan grande y tanto no podría haber. La ansiedad hizo que se lanzara sobre este recipiente y para su sorpresa vio solamente 3 flores de distinto color, una era amarilla, otra roja y la última, azul.
Estas son las 3 flores perennes, mi querido forastero - decía el hada- cada una de ellas representa una de las tres virtudes más preciadas por el hombre, el amor, la paciencia y la tolerancia. Con ellas puedes generar todas las otras virtudes, tal como estos tres colores generan los demás. Y si puedes –continuaba el hada, con todos los colores que generes puedes mezclarlos y hacer el blanco, que es la pureza espiritual. El hombre no comprendió, iba por oro y se encuentra con tres flores; pensó en volver, aunque rápidamente se convenció que, a fin de cuentas, el tesoro verdadero estaba al frente. En un pestañar, el hada al ver el titubeo del minero desapareció, llevándose consigo el arcoíris, la vasija y las flores perennes. El hombre buscaba frenéticamente al hada, pero no pudo hallarla, hasta que finalmente, decidió triste volver al valle.
Abatido, todos los días alzaba su mirada al monte en busca de ese arcoíris y del hada que con él venía, sin poder verlos, mientras el arroyo día a día se secaba. Pensaba insistentemente en que al dejar ir al hada dejó ir la esencia de la felicidad, sin embargo, con el tiempo comprendió que la felicidad no estaba en el hada sino en las flores que ella llevaba y decidió, por su vida, cultivar sus propias flores perennes.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Frustrado
Había sido una intensa noche de juerga en el bar de Don Segundo “Seco” López, pletórica en alcohol, en donde se podía escoger a un precio irrisorio vino pipeño de tercer enjuague, la bebida cola con la más alta dosis de ácido fosfórico posible y un ron ideal para destapar cloacas malolientes, pero la calidad del licor no hacía mella en el ambiente festivo de un grupo de amigos y colegas de la calle, financiado con el dinero recaudado en las faenas de macheteo diurno.
Antonio comenzó temprano con la fiesta. Ese día el puerto estaba colmado de turistas, casualmente generosos, lo que permitió que se pudiera retirar temprano al jolgorio, pero en la madrugada, el alcohol y el trasnoche comenzaron a generar estragos en su humanidad. Repentinamente, Antonio se paró de la mesa y emprendió camino hacia la calle sin que sus amigos se percataran de ello.
A la salida del local había un paradero de buses, el cual estaba iluminado. Grande fue la sorpresa de Antonio al ver a Alexis Sánchez, el niño maravilla, en ese paradero y no dudó un instante en increparlo, fueron meses de rabia y frustración contenida “Contigo quería hablar ¡Pura bicicleta no ma´, fuiste al mundial a puro gastar plata!”. Alexis lo miraba sonriente. “¡A voh te digo hueón!, ¡soi entero malo pa’ la pelota, cuando jugai voh hay que tener dos pelotas, una pal partío pa’ que jueguen los cabros y otra pa que juguís voh solo!”. Su ira aumentaba a medida que proseguía con los insultos, mientras Alexis continuaba sonriente, sin emitir una sílaba. “¡Pa´ más remate saliste tonto, te gusta la U y te fuiste a jugar al Colo!” Hubo un pequeño instante de silencio y los reproches se transformaron en gritos. “Que te venís a hacer el hueón, a voh te digo! ¡De qué te reís, tengo car’e chiste acaso, hueón!”.
La furia aumentaba y Antonio empuña su mano y acierta un efectivo puñete en la boca de Alexis, aún sonriente, pero quien padeció dolor no fue el destinatario de ese combo tan bien puesto, sino quien lo envió. En seguida, los gritos se hicieron audibles desde el interior del bar, por lo que rápidamente los tertulianos salieron en socorro de su amigo agredido. “¡Sueltame hueón, me estai mordiendo la mano!” era la expresión más repetida. Los amigos de Antonio lo separaron de Alexis, utilizando un palo que estaba en el suelo y, una vez alejado de su rival, partieron raudamente con él a la posta más cercana. Al llegar allá, el médico de turno le pregunta a Iván, hermano de Antonio, qué había ocurrido con él, a lo que contesta “Sa’e lo que pasa doctor, cada vez que este hueón toma se pone como tonto así ¿me entiende? se pone a pelear con los letreros pero hoy día se fue en volá, se puso a pelear con un luminoso y le dio la corriente por hueón”, mientras Antonio, tendido de espaldas en el box de urgencias y con su mano ensangrentada y quemada, planeaba cómo vengarse del vil, artero y poco varonil ataque del niño maravilla.
Dedicado al "Salo Reyes", al "Cantinflas" y a la memoria del gran amigo de la armónica.
Dedicado al "Salo Reyes", al "Cantinflas" y a la memoria del gran amigo de la armónica.
martes, 20 de julio de 2010
Meditaciones: Contrariedades
- ¿Debemos ser tolerantes con la intolerancia o intolerantes con la intolerancia?
- Para la religión, el camino angosto y difícil es el más fácil para llegar al Cielo.
- La santidad y el amor divino implica odio a la iniquidad y el pecado.
- No es Dios quien se aleja de nosotros, sino que quienes dicen representarlo los que nos alejan de El.
- El dilema es ¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? O ¿Trabajamos para nada o por nada trabajamos?.
- Para la religión, el camino angosto y difícil es el más fácil para llegar al Cielo.
- La santidad y el amor divino implica odio a la iniquidad y el pecado.
- No es Dios quien se aleja de nosotros, sino que quienes dicen representarlo los que nos alejan de El.
- El dilema es ¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? O ¿Trabajamos para nada o por nada trabajamos?.
- Mientras Dios trata de divinizar al hombre otorgándole sus virtudes, sus representantes lo humanizan adosándole sus defectos.
- Hay veces en que el amor y el odio están totalmente fundidos y son, en consecuencia, inseparables.
- La muerte es necesaria para preservar la vida en la tierra.
- Hijo ¿Dónde crees que termina la tierra y empieza el cielo? ¿Sabes papá? yo creo que es en el mismo lugar en donde termina el cielo y empieza la tierra.
lunes, 12 de julio de 2010
Conquistadores
Era una fría tarde de invierno, donde la lluvia caía sobre el suelo ensangrentado de la última batalla entre dos naciones enfrentadas por una guerra de decenios e incitada por una de las dinastías reinantes, que atacaba a punta de espadas, flechas y caballería a una nación vecina y que sin embargo, estaban unidas por milenarios vínculos de sangre e historia.
Soldados de ambos bandos yacían en el campo de batalla, pero los invasores habían sido aplastados, quedando algunas sobrevivientes de los cuales algunos pudieron huir y otros quedaron abandonados a su suerte. El general a cargo del ejército vencedor debía cumplir con una dura obligación de su ejército: Rescatar a los soldados propios heridos para llevarlos a los hospitales y rematar a los enemigos porque no había espacio ni alimentos para prisioneros. Quedaban pocos soldados disponibles, la mayoría de esos soldados estaban muertos, heridos o cansados para poder llevar a cabo esta desagradable labor. Sólo algunos jóvenes aspirantes a oficiales, alumnos de la academia de guerra, podrían realizar esta labor y fueron enviados a cumplir esta orden. El escribano del General, su fiel servidor, también debió participar en esta misión. A pesar de tener formación militar, de haber estado en muchas de las batallas acaecidas en esta guerra nunca había empuñado su espada para defenderse o atacar a alguien ni menos haber herido o matado a algún enemigo, pero hoy, tal vez, debía hacerlo.
Su trayecto fue temeroso no porque tuviera miedo de enfrentarse con un adversario que estuviera en condiciones de luchar, sino tener que entrar en una encrucijada moral, el matar a un indefenso sólo por que el general lo indicaba. Giraba cuerpos, los miraba y continuaba con su inspección, los que vio estaban todos muertos, hasta que vio un cúmulo de soldados enemigos con uniformes distintos a los que usaban las distintas divisiones del ejército enemigo. Se acercó y pudo ver que en medio de ellos estaban unos estandartes dorados y motivado por la curiosidad, movió algunos cadáveres y pudo distinguir a unos ojos temerosos que resaltaban de una cara oculta por una máscara. Procedió a sacar la máscara de ese misterioso soldado pero la sorpresa era mayúscula al ver el rostro de aquel hombre. Era el rey enemigo, el cual que fue protegido por su escolta pero que, sin embargo, no logró escapar junto con su destrozado ejercito.
El escribano rápidamente sacó de su manga un afilado cuchillo y la colocó en el cuello del rey, presto a eliminar al enemigo y la guerra. En sus manos estaba terminar con el sufrimiento de su pueblo, de sus amigos y su familia, pero les prometió a sus dioses jamás asesinar a alguien, pero esa guerra mató a muchos de sus seres amados.
El rey Henry era altanero y soberbio, su objetivo era ampliar la extensión de su imperio a costa de lo que fuera pero esta vez sus enemigos derrotaron su ejercito, pero no su soberbia.
- ¡Soldado! - exclamó el rey - Te ordeno me lleves a mi territorio.
- ¡Su alteza acá no reina, estás son las tierras libres de mi rey Ferdinan!, le respondió el escribano
- ¡Ja! Si vas a matarme hazlo ahora, un grupo de mis mejores hombres viene a mi rescate, envié mensajeros.
El escribano alzó la vista y vio que raudamente, desde el bosque aledaño, venía un grupo de arqueros-jinetes, hábiles en caballería y en asaltos a infanterías enemigas. Sus opciones eran pocas, o mataba al rey y acababa la guerra pudiendo morir en el escape o simplemente escapaba y, tal vez, viviría sabiendo que la guerra continuaría. Rápidamente pensó y con su cuchillo cortó las muñecas del rey, de manera que éste no pudiera tomar armas.
Muy cerca estaban algunos caballos de los jinetes de la escolta real masacrada y como pudo subió al rey a ese caballo y luego lo hizo el, emprendiendo una rápida huida hacia donde estaba su campamento.
Los jinetes enemigos realizaron una frenética persecución, haciendo gala de su terrible fama, mientras cabalgaban enviaban flechas que caían cerca del caballo en que escapaba el escribano y su majestuoso prisionero. La orden de los jinetes era volver con el rey, vivo o muerto.
Soldados de ambos bandos yacían en el campo de batalla, pero los invasores habían sido aplastados, quedando algunas sobrevivientes de los cuales algunos pudieron huir y otros quedaron abandonados a su suerte. El general a cargo del ejército vencedor debía cumplir con una dura obligación de su ejército: Rescatar a los soldados propios heridos para llevarlos a los hospitales y rematar a los enemigos porque no había espacio ni alimentos para prisioneros. Quedaban pocos soldados disponibles, la mayoría de esos soldados estaban muertos, heridos o cansados para poder llevar a cabo esta desagradable labor. Sólo algunos jóvenes aspirantes a oficiales, alumnos de la academia de guerra, podrían realizar esta labor y fueron enviados a cumplir esta orden. El escribano del General, su fiel servidor, también debió participar en esta misión. A pesar de tener formación militar, de haber estado en muchas de las batallas acaecidas en esta guerra nunca había empuñado su espada para defenderse o atacar a alguien ni menos haber herido o matado a algún enemigo, pero hoy, tal vez, debía hacerlo.
Su trayecto fue temeroso no porque tuviera miedo de enfrentarse con un adversario que estuviera en condiciones de luchar, sino tener que entrar en una encrucijada moral, el matar a un indefenso sólo por que el general lo indicaba. Giraba cuerpos, los miraba y continuaba con su inspección, los que vio estaban todos muertos, hasta que vio un cúmulo de soldados enemigos con uniformes distintos a los que usaban las distintas divisiones del ejército enemigo. Se acercó y pudo ver que en medio de ellos estaban unos estandartes dorados y motivado por la curiosidad, movió algunos cadáveres y pudo distinguir a unos ojos temerosos que resaltaban de una cara oculta por una máscara. Procedió a sacar la máscara de ese misterioso soldado pero la sorpresa era mayúscula al ver el rostro de aquel hombre. Era el rey enemigo, el cual que fue protegido por su escolta pero que, sin embargo, no logró escapar junto con su destrozado ejercito.
El escribano rápidamente sacó de su manga un afilado cuchillo y la colocó en el cuello del rey, presto a eliminar al enemigo y la guerra. En sus manos estaba terminar con el sufrimiento de su pueblo, de sus amigos y su familia, pero les prometió a sus dioses jamás asesinar a alguien, pero esa guerra mató a muchos de sus seres amados.
El rey Henry era altanero y soberbio, su objetivo era ampliar la extensión de su imperio a costa de lo que fuera pero esta vez sus enemigos derrotaron su ejercito, pero no su soberbia.
- ¡Soldado! - exclamó el rey - Te ordeno me lleves a mi territorio.
- ¡Su alteza acá no reina, estás son las tierras libres de mi rey Ferdinan!, le respondió el escribano
- ¡Ja! Si vas a matarme hazlo ahora, un grupo de mis mejores hombres viene a mi rescate, envié mensajeros.
El escribano alzó la vista y vio que raudamente, desde el bosque aledaño, venía un grupo de arqueros-jinetes, hábiles en caballería y en asaltos a infanterías enemigas. Sus opciones eran pocas, o mataba al rey y acababa la guerra pudiendo morir en el escape o simplemente escapaba y, tal vez, viviría sabiendo que la guerra continuaría. Rápidamente pensó y con su cuchillo cortó las muñecas del rey, de manera que éste no pudiera tomar armas.
Muy cerca estaban algunos caballos de los jinetes de la escolta real masacrada y como pudo subió al rey a ese caballo y luego lo hizo el, emprendiendo una rápida huida hacia donde estaba su campamento.
Los jinetes enemigos realizaron una frenética persecución, haciendo gala de su terrible fama, mientras cabalgaban enviaban flechas que caían cerca del caballo en que escapaba el escribano y su majestuoso prisionero. La orden de los jinetes era volver con el rey, vivo o muerto.
Repentinamente, una serie de flechas cayeron sobre el caballo y sobre el muslo del rey, cayendo todos pesadamente al suelo, por lo que la huida había concluido. Rápidamente el escribano se repone y levanta al rey, quedando detrás de él y ubicando su cuchillo en el cuello de Henry. Pidió perdón a sus dioses mientras los soldados enemigos se estaban acercando raudamente, aprieta su brazo para eliminar al rey y esperar luego de eso, su propia muerte. En ese instante aparecen flechas redentoras que venían desde su espalda y sus costados los cuales comienzan a tumbar uno a uno a sus perseguidores.
Algunos de sus compañeros de armas se percataron de la acción y procedieron, junto con algunos arqueros, campesinos y de soldados de bajo rango, a ir en ayuda del escribano. Cerca de él, los arqueros comenzaron a atacar por el frente y los flancos al pequeño grupo de asalto, formándose una improvisada y pequeña, pero no menos importante batalla que dio tiempo al escribano junto con algunos soldados a modo de escolta a continuar el traslado del rey enemigo al campamento. La paz volvía a unir a dos pueblos sometidos a la codicia de un despiadado rey, la guerra acaba de terminar y nacía la gloria del máximo héroe, Ivenson el escribano, sin haber causado la muerte a ninguno de sus semejantes.
jueves, 1 de julio de 2010
Meditaciones
- La verdad dicha con franqueza es más benéfica que el engaño seductor; pero preferimos la segunda sólo para evitar el dolor que la verdad conlleva.
- Si Dios sabía lo que haría Hitler ¿porqué permitió que naciera? Si fue para demostrar que tenemos libre albedrío, muy cara salió la prueba.
- Por muchas horas una comunidad religiosa rezaba, previo a una cena de convivencia, en la parroquia para que Dios aliviara el hambre de los pobres, mientras el director de un hogar de menores ubicado dos cuadras hacia el norte de aquel templo se lamentaba porque tenía vacía la despensa de alimentos y sus niños nuevamente no almorzarían.
- “Si Dios existiese no habría ocurrido esta tragedia”, dijo Nicolás luego de ocurrido el terremoto. Su padre retrucó “Hijo, porque Dios existe pudimos salir con vida de esto”. “Papá, entonces ¿porqué Dios permitió que esto pasara? ¿acaso no tiene el poder de evitarlo?” preguntó Cecilia, hermana de Nicolás. Su madre le dice “Da gracias a Dios que nos tiene vivos, El cuidó de nosotros” “¡Y porqué al vecino se le cayó la casa encima, mamá!” replicó Cecilia. Su madre le responde “Dios sabe porqué haces las cosas” mientras Alfredo, el vecino, era sacado inerte desde las ruinas de lo que fue su hogar y por el cual tanto pidió Dios poder construir.
- Te amo, dijo él a ella. Y yo también te amo, respondió ella mientras sus mentes pensaban en sentirse valorados por sus respectivas amistades. Él por poseer la hermosura de ella y ella, por poseer el dinero de él.
- Si Dios sabía lo que haría Hitler ¿porqué permitió que naciera? Si fue para demostrar que tenemos libre albedrío, muy cara salió la prueba.
- Por muchas horas una comunidad religiosa rezaba, previo a una cena de convivencia, en la parroquia para que Dios aliviara el hambre de los pobres, mientras el director de un hogar de menores ubicado dos cuadras hacia el norte de aquel templo se lamentaba porque tenía vacía la despensa de alimentos y sus niños nuevamente no almorzarían.
- “Si Dios existiese no habría ocurrido esta tragedia”, dijo Nicolás luego de ocurrido el terremoto. Su padre retrucó “Hijo, porque Dios existe pudimos salir con vida de esto”. “Papá, entonces ¿porqué Dios permitió que esto pasara? ¿acaso no tiene el poder de evitarlo?” preguntó Cecilia, hermana de Nicolás. Su madre le dice “Da gracias a Dios que nos tiene vivos, El cuidó de nosotros” “¡Y porqué al vecino se le cayó la casa encima, mamá!” replicó Cecilia. Su madre le responde “Dios sabe porqué haces las cosas” mientras Alfredo, el vecino, era sacado inerte desde las ruinas de lo que fue su hogar y por el cual tanto pidió Dios poder construir.
- Te amo, dijo él a ella. Y yo también te amo, respondió ella mientras sus mentes pensaban en sentirse valorados por sus respectivas amistades. Él por poseer la hermosura de ella y ella, por poseer el dinero de él.
- Papá ¿porqué gritaste al abuelo?
Porque tu abuelo es un idiota.
Yo pienso lo mismo de ti, papá, pero no te grito.
Porque tu abuelo es un idiota.
Yo pienso lo mismo de ti, papá, pero no te grito.
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